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lunes, 9 de mayo de 2016

Léeme



Una palabra, cinco letras, un acento, un imperativo. Fue lo que me llamó la atención, esas mayúsculas azules sobre un post-it amarillo pegado a un objeto rectangular que, visto así de lejos, debía de ser una lectura.

Estaba apoyado en el respaldo de un banco de madera, solitario a la sombra en esa mañana de sol y murmullo alegre de domingo.

Me acerqué curiosa por ver si sería un manual que me ofrecía un viaje directo a la felicidad a través de alguna religión oficial u oficiosa. Pero para mi sorpresa se trataba de una novela que parecía recién salida de la librería. 'DOBLE VIDA', vaya, qué título misterioso, como su manera de llegar hasta mí, pensé.

Extrañada, miré a mi alrededor suponiendo que alguien se lo había olvidado y que aparecería a recuperarlo con el paso apresurado y la mirada preocupada. Pero no, no llegó nadie ni vi ninguna cámara oculta.

Así que abrí el libro, así para saber más. Y en la primera página, un mensaje del autor tamponado en letras de nuevo azules, daba la bienvenida:

"Si te has encontrado este libro y te gusta la lectura, estás de enhorabuena. Te invito a que lo leas: si te gusta, escríbeme un mensaje y, si no te gusta, déjalo en un lugar público, como donde lo encontraste, para que otra persona pueda disfrutarlo".

Acababa el autor su mensaje con un sincero 'ayúdame a hacerme un hueco en este complicado mundo de la literatura', sus datos de contacto en redes sociales y me felicitaba Sant Jordi con un 'Feliz día del libro anticipado'.

Uaaauuu, ¡qué maravilla! No me lo podía creer, estaba viviendo un momento mágico de esos que no suceden a menudo. Sin saberlo, José Luis Molinero se había ganado mi simpatía y admiración por su manera de darse a conocer.

Salí de la sombra ya con el libro bajo el brazo y, liviana, seguí caminando al sol bordeando el estanque del Retiro. Ya no estaba sola, tenía una historia que se venía conmigo en AVE a Barcelona.

lunes, 13 de julio de 2015

Ecosistema playero (III) - Por la tarde


De 18 a 20h: Los soñadores despiertos
Les gusta la tranquilidad de la playa en las últimas horas de sol. Les gusta el sonido de las olas cuando rompen en la orilla y el de la arena que arrastran, las huellas que ha dejado lo que sería un pelícano en miniatura, el olor a salitre, recoger conchas de recuerdo y fijarse hasta dónde subió el agua durante la marea alta. ¡Ah! Y las tonalidades del cielo en las puestas de sol. Sacan siempre un libro a pasear.
A partir de las 20h: Los pescadores solitarios y los cazatesoros
Los primeros pescadores llegan cuando ya la luz es tenue y no quedan bañistas. Tranquilamente van preparando los anzuelos, los hilos, el cebo y las cañas. Y las lanzan al mar. Se sientan a esperar, siempre de cara al horizonte. A veces toman una cerveza, comen algo. A ratos, hablan con otros pescadores.

A sus espaldas surgen personas que solo tienen ojos para la arena. Los cazatesoros son los primeros en removerla pero su objetivo de limpieza no es el habitual. Con grandes auriculares y armados con un extraño aparato parecido a un palo selfie (más largo y acabado con una rueda de volante metálica), el chisme detecta los objetos metálicos que hubieran quedado perdidos o sepultados, en definitiva olvidados. Metódicamente, peinan cada centímetro de arena mientras el detector ausculta el suelo sin tocarlo, versión actual del jefe de una tribu india en una peli de Hollywood (sin su magia). Se quedan hasta que se cansan, se acaban la playa o recogen objetos suficientes -nunca lo he llegado a averiguar-.

Desde el paseo, que a esta hora es el centro de actividad social, muchos les observan y se preguntan lo mismo que yo.


Si quieres saber qué otros habitantes tiene la playa, lee las entradas anteriores de Ecosistema playero: (I) - Por la mañana y (II) - A mediodía  

lunes, 6 de julio de 2015

Ecosistema playero (II) - A mediodía

Este post es continuación del anterior, si quieres conocer a los habitantes de la mañana léelo en Ecosistema playero (I)


De 12h a 14h: Los noctámbulos y resacosos
Llevan gafas de sol. Ocupan quedamente la tercera o cuarta línea de mar. Lucen los mejores cuerpos y los bañadores y bikinis más actuales. Llevan tatuajes aquí y allá y algún que otro piercing ombilical. Comentan las hazañas y anécdotas de la noche anterior. Llevan gafas de sol (no, no es que me repita, es que ahora se las han cambiado). Antes de llegar al tostadero han pasado por un bar a tomarse un café. Seguramente después visiten el chiringuito, tras uno o dos baños marinos que les habrán despejado la modorra y estarán listos para disfrutar de unas cervezas.

De 14h a 16h: Los inconscientes
Se alegraron cuando por fin la radio se marchó con la retransmisión a preparar la paella familiar, y cuando el movidito vecinito de la izquierda accedió a calzarse tras innumerables amenazas de sus padres entre las que la palabra Wii tuvo un efecto mágico. Contentos de quedarse casi solos en la playa, la alegría dura lo que tarda un cubito en derretirse y pronto empiezan a entender por qué todos se han ido a comer, ver la tele y sestear a sus casas: este calor es insoportable. Así, toda la familia se arremolina en torno al palo de la sombrilla. Menos mal que la cerveza y la sandía están fresquitas. Si son extranjeros (entiéndase del Norte de Europa), se pasarán las 2 horas dentro del agua o buscarán refugio a la sombra del pino más cercano.




De 16h a 18h: Las Adoradoras del Sol
Les gusta estar morenas. Vuelven a bajar a la playa después de comer y estiran sus toallas o pareos en la dirección del sol, paralelamente al mar. Suelen usar crema bronceadora. Duermen un rato tumbadas en esa posición, antes o después de un baño.



Todavía hay algunos personajes más en este ecosistema, los podrás descubrir en el próximo post Ecosistema playero (III) - Por la tarde


miércoles, 1 de julio de 2015

Ecosistema playero (I) - Por la mañana

En las últimas semanas he tenido la suerte de disfrutar la playa en diferentes momentos del día, ofreciéndome varias postales pobladas por personajes que, casi arquetípicos, vendrían a reproducirse en la costa de todo el país.

De 8h a 10h: Los deportistas, solitarias y reservadores de espacio


Los deportistas llegan los primeros. La playa es para ellos. Dejan todas sus cosas en una montañita cerca de la orilla y se meten en el mar sin pestañear. A esa hora el agua suele estar tranquila y fría. Nadan hasta las boyas más lejanas dando brazadas con estilo. Cuando vuelven a acercarse a la orilla en su camino de vuelta, ya se han ido plantando en la arena las primeras toallas individuales, a prudente distancia unas de otras para preservar la tranquilidad, intimidad y anonimato. Son las mujeres solitarias por elección o por situación (vital). No se quedan mucho rato, cuando el calor -y las aglomeraciones- empiezan a apretar, inician el camino de vuelta a casa.

Al poco llegan los reservadores de grandes espacios. Acostumbran a ser los abuelos de la familia. Con dedicación y la seguridad de la experiencia, estos hombres tranquilos plantan sombrillas, despliegan sillas (a su sombra) y extienden toallas (a su sol). Se sientan en una de las sillas a  esperar, oteando taciturnos el paisaje o leyendo la prensa del día. La bolsa de las cremas, ni tocarla.

De 10h a 12h: Las familias (en el sentido amplio del término)

Un rato después aparece su mujer. Antes de llegar a su espacio reservado ya ha saludado a todos los vecinos que ha encontrado en el camino, y recabado las novedades. Conocedora de la vida de cada bañista, ejerce de radio local y retransmite sin descanso los detalles de este y de aquella a lo largo de toda la mañana, hasta que se vuelva a calzar las zapatillas de goma para volver a casa a preparar la paella familiar. En momentos puntuales hace una pausa para dar consejos o recetas de cocina veraniega.

Con ella llega su hija con los nietos, con cara de haber dormido poco y cargando una bolsa que precisaría ruedas todoterreno (¿me estará leyendo Decathlon?) para transportar toda suerte de enseres que sus pequeños pudieran o pudiesen necesitar en esas horas de playa (pañales, chupetes, manguitos, flotadores, crema protectora, bastoncitos de pan... ... ... y, sobre todo, mucha agua). Algo rezagado, las acompaña el padre de las criaturas, el encargado de transportar el cochecito -si hay bebés- y la juguetería (cubos, palas, rastrillos, estrellas y peces en molde, pelotas y colchoneta hinchable -junto con su inflador de fuelle accionado a pie-). Se divierte tanto o más que los niños pasando de un juego a otro, menos cuando le toca ser enterrado en la arena.

La orilla se llena de movimiento, carreras, gritos, chapuzones, de risas y de arquitectas e ingenieros de la arena mojada. A eso de las 11:30h todos a una plantarían el cartel de 



"aquí ya no cabe nadie más, oiga"

Pero como la playa es de todos, entre las 12 y las 12:30 aparecen silenciosos

Los noctámbulos y resacosos

Os contaré su historia en el próximo post
Ecosistema playero (II) - A mediodía.
Mientras tanto me podéis decir qué os ha parecido este en un comentario aquí abajo.





lunes, 29 de diciembre de 2014

Barris en Dansa 2014 | Narinant


Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti…

Eso cantaban Los Suaves en uno de sus temas más conocidos, pero hoy no venía a hablar de eso sino del proyecto Barris en Dansa que conocí casualmente hace un año y medio. Un anuncio en la cartelera de un domingo de junio llamó mi atención: esa tarde en el Mercat de les Flors se presentaba un espectáculo de danza contemporánea interpretado por personas de 3 centros cívicos diferentes de Barcelona que lo habían ido montando en los meses anteriores.


Zak! barris en dansaFui a ver Zak! sin pensármelo mucho y salí impresionada con lo que vi, personas normales y corrientes de todas las edades, y niños bien pequeños, que habían preparado un espectáculo bonito y emotivo, más elaborado y ‘profesional’ de lo que me esperaba, y además lo acompañaban con música en directo, una mezcla de rock y folk de un joven grupo llamado Sombras. Me gustó tanto que durante bastante tiempo me guardé el programa con la idea de escribir un post que nunca se materializó…y Zak! quedó enterrado en mi memoria de los momentos agradables.

Hasta una tarde del verano pasado en que al entrar en un centro cívico vi colgado un anuncio que decía "Barris en Dansa 2014, ¿quieres participar?". Unos segundos de búsqueda entre las neuronas y preguntas retóricas...Barris en Dansa...¿de qué me suena?...¿no era aquello que vi el año pasado que me gustó tanto? Zak! recuerdo que se llamaba...¿A ver qué dice el anuncio? ¿Será que puedo apuntarme? ¡No tengo ni idea de danza contemporánea!

Volví sobre mis pasos para leer que se habían programado varias sesiones informativas, anoté las fechas y acudí a una de ellas, donde el director del proyecto, Álvaro de la Peña, nos explicó en qué consistía, qué barrios iban a participar y cuándo se preveían los ensayos en cada uno. Era una propuesta abierta a cualquier persona y condición física y la historia empezaba en septiembre, como el cole.

Las primeras 'clases' fueron bien curiosas, yo no conocía a nadie, allí no se ponía una música de estilo concreto ni se enseñaban unos pasos a armonizar con el ritmo. Hacíamos más bien ejercicios de expresión corporal, estiramientos, moverse con los ojos tapados por otro, interpretar sensaciones...nada que yo hubiera hecho antes.


En las semanas siguientes se fue introduciendo música, ejercicios más largos, pequeñas coreografías, luego canciones enteras. Aún no sabíamos qué grupo tocaba esos temas y cuáles eran los seleccionados para el espectáculo. A los encuentros del barrio de Les Corts dos veces a la semana se fueron añadiendo algunos ensayos comunes, a los que acudían las personas de los otros dos barrios de este año, Sagrera y Besòs/La Mina, sin saber qué era lo que ellos estaban trabajando. Vinieron luego los ensayos en lugares lejanos y poco comunes con los músicos de Et-Co* y Africa Pasteef en vivo, pero solo cuando se acababa ya noviembre empezamos a ver que todo aquello, 
poco a poco, iba tomando forma, a saber qué números iban después de otros, quién salía cuándo...

Click para ver programa completo
El título y el cartel de la obra vieron la luz y con ellos la sensacion de...¡esto va en serio! 

Los días centrales de diciembre fueron muy intensos, se acercaba el día del estreno en el SAT! y a Narinant le quedaban aún muchas cosas por ensayar, pulir, cambiar y rectificar. Maratón de ensayos diarios
(¿mañana dónde nos toca, cómo se llega hasta ese sitio?), guion definitivo (uy uy, no me lo sé, ¿qué viene después del akeré? ¿cómo acaba este número? ¿qué viene ahora?), pruebas de vestuario (¿me veis bien con esto?), detalles que se añaden, complicidad entre los barrios, ensayos in situ, frío glacial, un pintor que aparece con un cuadro, micros que no funcionan, cuchicheos, pisotones, carreras tras el telón de fondo, canciones que en directo suenan diferente, un ensayo general defectuoso (aunque el director parecía muy tranquilo), y finalmente,
un último ensayo sobrevolado, risas y nervios en los camerinos, luces que se acaban de ajustar, miradas, saludos, el público que empieza a aparecer y…¡ahí vamos!

Una experiencia muy emocionante, nos salió bien todo (o casi), lo vivimos y nos divertimos, y al público le gustó mucho. Si queréis verlo tenéis más oportunidades en los meses de enero y febrero (recomiendo el Mercat de les Flors del 21 y 22 de febrero, entradas aún no disponibles), vale la pena, no porque salga yo sino porque es bonito.


Y de todas maneras, siempre me puedes dejar un comentario aquí. ¡Gracias!





viernes, 21 de marzo de 2014

Un viernes de tarde


un viernes de tarde
Un enorme reloj preside la sala del bar en el que acabo de entrar. Una esfera blanca de números y manecillas negras sobre madera oscura colgada en la pared justo al lado de la puerta. Pero no estoy en un aeropuerto, ni siquiera en una estación de tren. Aquí no hay viaje que perder a no ser el de la vida. Estoy enfrente de un mercado, se ve por los ventanales,  y el local está contagiado de su ajetreo.

Es viernes por la tarde y el gigante marca las siete y dieciséis. En sus dominios, gente joven que charla, un niño que merienda goloso una magdalena rellena de chocolate, dos amigas que se cuentan la vida alrededor de una taza de té, o quizás de rooibos con canela, como el mío. Trío de señoras jubiladas que llegaron a media tarde y ya pasaron del café con leche a la tónica. Y detrás mío, en la barra, ¡cómo no! se habla de fútbol. 'Al Madrid le ha tocado contra el Borussia...el Barça...el Sevilla...el Barça...'. Ruido de cacharrería, vasos que se recogen, tazas que se apilan, agua del lavaplatos, pasos que caminan sobre tarima de madera...Parecería que el blanco de las paredes impidiera absorber el parloteo, al igual que el mobiliario, también blanco aséptico, prefiere no impregnarse del ánimo de sus ocupantes. Ejército blanco de tazas, platos, hojas de menú y servilletas, teteras transparentes, cucharitas metálicas a juego con el gris oscuro del suelo y...¡bingo! los taburetes de la barra son redondos y oscuros, como el marco del reloj.

De la magdalena ya no queda ni rastro; del niño, tampoco. Las amigas han consumida su té - o quizás rooibos - y ya se levantan. Los jóvenes pasaron al turno de la cerveza, las jubiladas prosiguen su charla ajenas al resto del universo, el lavaplatos ha terminado su programa y yo he quedado con Anna en un cuarto de hora. Será mejor que también me vaya yendo.


PD 24 de marzo: Tras publicar este post un amigo me envió una viñeta de Forges que viene muy al caso. Aquí os la dejo. ¡Gracias!
Forges_20_marzo_2014_el_bar_español
Forges, 20/03/2014 en El País

martes, 19 de noviembre de 2013

Seven stops (based on a true story)

London_bridge
Mick subió al tren y se quedó en el pasillo. Venía bastante lleno y le gustaba ver cómo la gente entraba, salía, observaba y buscaba su camino. Todavía le resonaban las canciones que acababa de escuchar en el apoteósico concierto que había vivido. Había valido la pena regresar a Londres para esa ocasión tan especial.Ilsa subió al tren y se acomodó en el pasillo, al lado de un chico que, como ella, parecía no ser de allí y tenía la mirada ausente. Todavía le costaba creer que había hecho realidad su sueño de ver al grupo que había escuchado en casa desde niña. Había valido la pena invertir casi dos meses de sueldo en viajar a la capital de la música.

Mick volvió por un momento a lo que pasaba a su alrededor y vio a su lado una melena morena, larga hasta casi el infinito, donde empezaban unos jeans azules que terminaban con unos botines de piel. Al mirarla mejor la reconoció como la chica que había captado su atención dentro del O2, mientras salía a buscar una cerveza. Estaba cerca de su sitio, probablemente desde el principio, pero solo en ese momento vio su cara resplandeciente, con el brillo de la ilusión en su mirada pendiente de todo lo que ocurría encima del escenario. Había pensado en buscar cualquier excusa para acercarse y hablar con ella pero no lo había hecho.

Ahora que la casualidad la había traido a su lado tenía otra oportunidad. La emoción del concierto le animó a iniciar una conversación que empezó por el show compartido, siguió por el grupo admirado, pasó a la música de amplio espectro y terminó en cuestiones personales que tenían en común justo cuando ella anunció que su parada era la próxima.

- Qué pena, pensó él.
- Qué pena, miró ella.

Stones

Sin pensárselo dos veces, Mick sacó uno de esos recuerdos que acostumbraba a comprar, un llavero del que colgaban unos labios abiertos por los que una larga lengua roja saludaba al mundo, icono inconfundible del rock'n'roll, y lo regaló a Ilse, al tiempo que garabateaba su email en un trozo de papel.



Ilse le miró fijamente a los ojos durante unos segundos eternos, antes de plantarle dos besos en los labios.


- Ahora podré decir que he besado a Mick, dijo alejándose hacia la puerta.

- Pleased to meet you -atinó a contestar- glad you got my name, acabó la frase para sus adentros.

A punto de salir tras ella y perder el último tren y la cordura, recordó de pronto una promesa que había hecho mucho tiempo atrás y se quedó paralizado viendo cómo Ilse acababa de bajar los peldaños y las puertas se cerraban.

Apesadumbrado, desvió los ojos hacia las luces que indicaban el camino recorrido y contó las que faltaban por encenderse para llegar a su destino: Seven stops, seven stops is all I've got. "Bonito nombre para una historia", se dijo sonriendo.




Dedicado con cariño a mis lectores que llevan inoculado el virus de la música.

martes, 7 de mayo de 2013

Natatorium

piscina

¿Te ha sorprendido la imagen? ¡Noooo, no me he vuelto loca! Visité la exposición fotográfica 20 años de los Premios Lux y me llamó mucho la atención una serie titulada "Natatorium" de no recuerdo quién (ya me perdonarás pero no he sabido localizar a su autor).

Yo no tenía ni idea de que la palabra "natatorium" existe y sería algo como "baños termales" en castellano actual. Lo que me gustó fue lo que entendí como un juego de palabras y significados entre natatorium/tanatorium, ilustrado por las imágenes de piscinas vacías y abandonadas. Y si miras la especie de cruces que hay a lo largo de la pared, que marcaban los carriles de la piscina y que ahora parecen...

Seguro que esta serie fotográfica me impactó especialmente porque en el natatorium que ves en esta foto me pasé muchos veranos hace ya unos cuantos años. Casi me puedo ver todavía cuando aún no hacía pie en el lado menos hondo o cuando conseguí tocar con la mano la parte más profunda. 

lunes, 7 de enero de 2013

El corredor

Quim salió a correr. Le costaba levantarse pero le gustaba empezar bien el día. Al fin y al cabo, las 7.00 no era tan temprano y de todas maneras tenía que sacar a Warlock antes de ir a trabajar. Al principio de sus salidas había dudado si llevárselo con él temiendo que le interrumpiera el ritmo, pero ahora le gustaba su compañía, y sobre todo le tranquilizaba que su pastor alemán estuviera cerca cuando llegaba a aquella zona desierta y destartalada que tenía que atravesar de camino a la playa. Era un paraje inhóspito de grandes naves depositarias de quién sabe qué mercancías. Durante el día los camiones iban y venían sin descanso, pero a esa hora todavía estaba tranquilo y la zona era de un vacío inquietante. Tratando de evitar el frío que le recorría la espalda al recorrer esas calles, Quim solía subir el volumen de la música en sus oídos y ordenar a sus ojos que miraran sin ver. Quería pasar rápido y llegar al puente lo antes posible. Por eso aquella mañana se asustó cuando por encima de sus decibelios oyó los ladridos de Warlock. Asustado, instintivamente paró y se quitó los auriculares. Sus ladridos resonaban en aquellas silenciosas paredes mientras miraba fijamente hacia adelante, donde siempre había un remolque blanco con las puertas abiertas y el interior vacío.

To be continued...

lunes, 24 de diciembre de 2012

La bague d'ingénieur


Me había llamado la atención desde el primer día. Aquel chico llevaba un anillo plateado en el último dedo de la mano derecha, algo poco habitual. Me recordaba vagamente a un estilo celta pero no acababa de ubicarlo. En algún momento me lo quedé mirando más de la cuenta y acabé preguntando "¿Y ese anillo qué significa?". La respuesta fue de lo más curiosa: "Es un anillo de ingeniero civil".
"¿Un anillo de quéééééééé?"

Entonces el chico me explicó que en Quebec, en el acto de graduación al fin de la carrera, les entregaban ese anillo que les tenía que recordar la gran responsabilidad que tiene un ingeniero cuando está trabajando en la proyección de una obra. Y que siempre, siempre, siempre lo tenían que llevar en le dedo meñique de la mano "que trabaja".
Me contó que se inició tras el derrumbre del Puente de Quebec en dos ocasiones, 1907 y 1916, aunque creo que esto es una leyenda. El anillo no es de plata sino de acero. Sí que parece que la tradición se originó con la idea de unir la profesión y que se lleva haciendo desde 1925. Pero a pesar de los años la tradición sigue bien vigente, mi amigo me contó que se sigue llevando el anillo toda la vida y qué él, personalmente, no tenía ninguna intención de quitárselo. Es fácil reconocer a un ingeniero canadiense, solo hay que mirar si lleva el anillo de ingeniero (le jonc d'ingénieur).

 ...

Hace unos días contacté con un amigo alemán del que hacía tiempo no sabía nada. Era su cumpleaños y le quise felicitar. Me contó que ahora vive en Canadá, y como él mismo es ingeniero, le voy a preguntar sobre el tema...

jueves, 20 de diciembre de 2012

Microrelato


Aún no se sabe si fue el humo ascendiendo de esos labios sinuosos lo que la flechó a cruzar directa a la otra acera. Era la segunda señal de la noche pero no se quedó a esperar la tercera.

martes, 4 de diciembre de 2012

Con D de diciembre

Con_D_de_diciembre
Es diciembre. Fuera hace frío. Dentro, también. Ruth no puede dormir, su mente está en plena ebullición pero no consigue ordenarla. Coge un lápiz y empieza a escribir, lo que salga. Hace unas horas, estando en el teatro, recordó a los repentistas (¿quiénes son?) de los que oyó hablar por primera vez en el concierto de Jorge Drexler, hace ya más de un año. Y todo porque arriba en el escenario pidieron palabras al azar para construir con ellas 1, 2 y hasta 3 canciones. Parto, tulipán, ignorancia, gato, mañana y alguna otra que ya no consigue recordar. Hay que tener recursos, inventiva y rapidez mental. Y el actor dedicó la última de ellas a una espectadora embarazada de un Mario.

Como Adriana, que está a punto de nacer, aunque hoy la luna está llena y todavía faltan quince días. Está lista, ha llegado el momento y no va a esperar más porque ya empezó el último mes del año, que para ella siempre será el primero. Al fin y al cabo, todo es cuestión de perspectiva.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Montréal, 3 fois vendredi o Montreal en 3 actos



1r. acto: viernes, 24 de agosto de 2012
Aeropuerto de Montreal. Llego por vez primera a Canadá, aduana amable y sin complicaciones. 18:00h. Cinco horas en conexión. Extraña combinación de vuelos para volver a casa. Recorrido de tiendas, pasillo, reconfirmación de asientos. Francés oficialmente predominante, inglés oficiosamente imperante. Conversaciones sobre bilingüismo en torno a una pizza, la restringida zona aérea internacional no da para más. On goûte la bière locale, quand même.

2º acto: viernes, 31 de agosto de 2012
London Bar, Barcelona. Mil años que no caía por aquí, me traen una guitarra y voz colombianas que interpretan canción de autor. 23:45h. Al acabar el concierto, una voz en inglés pregunta por el repertorio. Inicio de una conversación que en poco rato pasa al francés, la lengua más materna del armenio-Montréalais de origen sirio y ojos azules con el que comparto barra. Su historia trasluce diásporas no deseadas desde cálidas tierras orientales a gelidez nórdica (-40ºC en invierno, ¡confirmado!).
Al humo de la puerta del bar, sus ojos me hacen señas para mirar la luna, por segunda vez llena en este agosto. Una luna que es azul y al mismo tiempo blanca, de un blanco rebautizado "chemise" para la ocasión (¡leyendo este enlace me doy cuenta de que era un momento histórico!). Lástima que no perciba bien los colores, aunque a él parece no importarle demasiado.

3r. acto: viernes, 7 de septiembre de 2012
En algún lugar aún adormecido de Barcelona, unos dedos teclean en Internet. Han recibido la remota orden de consultar el programa de las fiestas que se van acercando. Una lectura en diagonal alerta a la neurona de guardia: "Montreal, ciudad invitada 2012". "¿Cómo? ¿He entendido bien?", se pregunta. La centinela sacude a las demás:
- ¡En pie, despertad! -exclama- me ha llegado un aviso procedente de los ojos. Solicitan relectura concentrada. 
- Recibido. Estamos listas -contestan todas a una, algo disgustadas por el brusco despertar.
El cursor vuelve hacia atrás, buscando la frase, y los ojos se fijan con más atención: "Montreal, ciudad invitada 2012. Cada año, la Mercè invita a una ciudad a compartir sus fiestas. Este año la ciudad elegida es Montreal, capital de la región de Quebec, con muchos puntos en común con la capital catalana. Consulta el programa de actividades (click)". Música, de Le Vent du Nord, Piknik Electronic (¡ah! ¿pero eso era un festival de Canadá?)  o Le cirque Éloize (¡wow, la rueda alemana como la de Raquel!). Pero qué casualidad, 3 viernes marcados por una ciudad...¿o no?

                                                F I N



lunes, 25 de junio de 2012

Ventanas entornadas

Ventanas_entornadas
... pasea silenciosa por calles desconocidas cuando algo llama su atención y alza la vista. Por un balcón abierto se escapa música de otras latitudes. Lejana, deja intuir otras vidas de ritmo más pausado. El interior respira calma, solo unos pies desnudos repiquetean sobre el suelo al salir de un cuarto en el que, entre un remolino de sábanas blancas, descansa alargado un hombre de piel oscura y rizos interminables. Tiene los ojos cerrados y su boca dibuja una sonrisa relajada. El sueño le ha transportado a playas de la infancia, arena cálida y olas transparentes que le regalan conchas.

En la calle se oye un petardo, luego otro. Solo el tercero le despierta. La música ha cesado y se oye correr el agua sobre un cuerpo. La brisa ha entornado las ventanas y de la calle ascienden retazos de conversaciones ajenas...mi hija prefiere la coca de llardons...¿tú dónde pasas la verbena?...¿ya no se hacen hogueras?

El negro sonríe y murmura, todavía somnoliento: 'ha llegado el verano'.

jueves, 26 de enero de 2012

Chicho chupa chicha (© Edgar)

Hace unos días, en un taller un fotógrafo hablaba de la hora del gin tonic. Afirmaba que en ese rato de luz tan difícil de plasmar, entre que el sol ya se ha puesto pero aún no es noche cerrada, lo mejor es irse a tomar un gin tonic, preferiblemente en compañía.

Me pareció que no era mala idea y me dio por pensar que esa hora extraña de transición suele ser un buen momento para una pausa, contar una historia o reir una gracia. Me acordé de las excursiones andinas del verano pasado, cuando volvíamos de viaje precisamente a esa hora ambigua y, mientras el paisaje se difuminaba, intentábamos rimar un trabalenguas a base de esas sonoras palabras hasta entonces desconocidas. En algún momento el guía se unió a las risas. Parecía divertirle nuestra causa, y como si se pasara la vida rimando, nos dio el inicio:  "Chicho chupa chicha, venga, ahora os toca seguir a vosotras".

Mientras me reía imaginando una viñeta de diario en la que Ibáñez Serrador, mi único Chicho conocido, con la barba de siempre y los ojos desorbitados, trataba de aspirar con todas sus fuerzas por una cachimba renqueante,  me di cuenta de que aquel chico no podía conocer a Chicho (y si lo conocía es que "Un, dos, tres" había llegado inusitadamente lejos) e hice algunas preguntas de verificación:

- Oye, una chicha es una pipa de agua ¿no?
- Nooooo, la chicha es por aquí un licor de maíz
- Ahhhh vale, pero...¿chupar sí que es chupar, verdad?
- Nooooo, nosostros chupar le decimos a beber
- Este...pero entonces...Chicho...¿quién es?
- Eso te lo explico en otro momento...

No me lo acabo de creer, ¿me estará tomando el pelo? Probablemente. No importa, pensé. Mentalmente le cambié a Chicho la cachimba por una mazorca con dosificador, lo mandé a saltar por las montañas y me seguí partiendo de risa al tiempo que el gin tonic, o su hora, tocaba a su fin.

*Nota: el trabalenguas fue completado, tras muchos intentos, esa misma noche en la habitación de un hostal. 

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Poinçonneuse (petit hommage)

Serge Gainsbourg
J'eusse bien été la poinçonneuse de Diagonal
la fille qu'on croise et on ne regarde pas
il n'y a que des néons sous la planète
les gens sont bêtes
ils marchent en fixant le sol
je dirais que ce n'est pas drôle.

J'eusse bien été la poinçonneuse de Diagonal
pour Can Vidalet passez par Gare de Sants
plus de contrôleur dans la guichette*
il faut se casser la tête
et deviner comment il faut faire
pour aller prendre un bain de mer.

On aura toujours l'espérance
de ne pas rater sa correspondance
le train s'arrête, avale des foules
part à la verte ampoule
et mince si on reste coincés
parce qu'on se trompe au tourniquet.

Le jour viendra où je deviendrai dingue
d'entendre les messages en 10000 langues
il n'y a plus de musique sous la grande place
hélas c'est naze
c'était pourtant super sympa
d'entendre Gainsbourg dans les couloirs :

des petits trous, des petits trous, toujours de petits trous

*Petite licence poétique

viernes, 2 de julio de 2010

11 años, 3 meses y 10 días

Podría ser el título de una canción de Sabina o la sentencia condenatoria de un tribunal, pero no, es el tiempo que, según indica amablemente mi hoja de vida laboral, llevo trabajando. Y llevo algunos meses más que algún c****n no me dio de alta, pero vamos a dejarlo... 11 años, 3 meses y 10 días. Cuando uno recibe la carta temiendo que sea una multa por no-sé-qué-puedo-haber-hecho y ve la cifra, a mí al menos se me agolpan varios pensamientos que pugnan por salir, demasiados para la(s) pobre(s) neurona(s) que quedan: desde el manido "cómo pasa el tiempo" al "¿tantos años llevo ya?" o "pues no me queda ná", "está bien la información, pero mierda, me siento como un esclavo". Y por si uno no se lo acaba de creer, te incluyen una lista de todas las empresas por las que se ha ido pasando y el tiempo consumido en cada una de ellas. Y según se leen los nombres, por la mente van pasando imágenes, más o menos lejanas o agradables, de los diferentes lugares y vivencias y personas. Una profusión de sensaciones que dejan a uno desubicado atemporalmente y sin palabras.

lunes, 8 de febrero de 2010

Dentro del laberinto

Dentro del laberinto
Era una serie. La daban los jueves. No tiene nada que ver con esta foto pero me vino a la cabeza. Es mi laberinto, dando vueltas y torciendo esquinas, con luces y sombras, miles de texturas y perspectivas y monstruos escondidos tras las puertas. Suena alguna música de vez en cuando. Algún día encontraré la salida.

domingo, 4 de octubre de 2009

TRAPPED IN A BLACK HOLE

Trapped in a black hole
it must be deeper than deep
or maybe I'm still falling
'cause I cannot see the light