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martes, 27 de agosto de 2019

3 palmeras 3


Era la temida hora del gin tonic, esa a la que se aconseja dejar de usar la cámara y relajarse a disfrutar de la luz y del paisaje con una copa en la mano hasta que sea noche cerrada.

Pero ahí me pilló y desafié la recomendación, por algo no soy purista de la técnica y sigo prefiriendo captar los momentos. 

Málaga despidiendo el día desde el Muelle 1, cuando afloja el calor y las calles se llenan de más vida si cabe.


Otras entradas sobre la hora del gin tonic


viernes, 16 de diciembre de 2016

Cosas que aprendí en un fin de semana


Que la sintonía de Eurovisión no es una música al azar, sino una composición de estilo barroco llamada "Te Deum" del francés Marc-Antoine Charpentier (si no recuerdas la sintonía escúchala ¡y vela! aquí).




Que el primer semáforo de la historia se puso en funcionamiento en 1868. Fue en Londres un 9 de diciembre.  

En la imagen veis las instrucciones a seguir. Evidentemente, un policía lo tenía que accionar manualmente.


Que la canción de los pajaritos no es de Mª Jesús y su acordeón sino del suizo Werner Thomas (de 1957, con título inicial 'Der Ententanz', el baile de los patos). 

Ooohhhh, lo siento si con esta noticia ha caído un mito.





Que la primera guitarra eléctrica es de 1924. La ideó Lloyd Loar, un ingeniero que trabajaba para Gibson.

En la imagen, una de las primeras guitarras eléctricas (no es la ideada por Lloys Loar).




Que existen apps que son capaces de apagar teles y aparatos de aire acondicionado de cualquier bar desde el teléfono móvil, para desconcierto del personal del establecimiento.


Que existen cámaras que graban vídeo en 360 grados con resultados como este




Que el vino caliente hasta apetece cuando hace mucho frío.

Bueno, eso ya lo sabía.






Memorias de un viaje a Alsacia, diciembre de 2016


miércoles, 31 de agosto de 2016

Los domingos son rojos

¿Los domingos son rojos? ¿Y eso por qué?

Sunday Buddha Doi Suthep Tailandia
Buda del domingo en Doi Suthep Wat
El motivo no lo he descubierto todavía, lo que sí he aprendido es que en la tradición budista es bastante relevante el día de la semana en que se nace. A cada uno de esos días le corresponde una postura de Buda y un color, de forma que se venera al buda en la postura de tu día e intentas usar ese color.

En mi caso, nací un domingo y me corresponde el color rojo (qué curioso, lo suelo usar) y el buda de la iluminación. Según la mitología, Buda mantuvo esa postura durante 7 días bajo el árbol de Bodhijusto después de alcanzar la iluminación.



Banderas azules para Sirikit,
Wat Phan Tao, Chiang Mai

Podría parecer superstición, pero lo cierto es que, al menos en Tailandia, lo siguen bastante. En muchos templos vimos los budas de toda la semana con ofrendas para cada uno de ellos, y los colores que usa la realeza en sus banderas corresponden al de su día de nacimiento. Por eso las banderas que conmemoraban el cumpleaños de la reina
Sirikit el viernes 12 de agosto eran azules...¡misterio resuelto!


Si queréis saber cuál es el color de vuestro día, os dejo aquí el enlace (los miércoles tienen dos posiciones y por eso hay 8 budas, ¡otro misterio resuelto!). Para la postura de vuestro buda, este otro enlace.

Y los que sabéis más sobre budismo, os invito a corregir o ampliar este post!



lunes, 9 de mayo de 2016

Léeme



Una palabra, cinco letras, un acento, un imperativo. Fue lo que me llamó la atención, esas mayúsculas azules sobre un post-it amarillo pegado a un objeto rectangular que, visto así de lejos, debía de ser una lectura.

Estaba apoyado en el respaldo de un banco de madera, solitario a la sombra en esa mañana de sol y murmullo alegre de domingo.

Me acerqué curiosa por ver si sería un manual que me ofrecía un viaje directo a la felicidad a través de alguna religión oficial u oficiosa. Pero para mi sorpresa se trataba de una novela que parecía recién salida de la librería. 'DOBLE VIDA', vaya, qué título misterioso, como su manera de llegar hasta mí, pensé.

Extrañada, miré a mi alrededor suponiendo que alguien se lo había olvidado y que aparecería a recuperarlo con el paso apresurado y la mirada preocupada. Pero no, no llegó nadie ni vi ninguna cámara oculta.

Así que abrí el libro, así para saber más. Y en la primera página, un mensaje del autor tamponado en letras de nuevo azules, daba la bienvenida:

"Si te has encontrado este libro y te gusta la lectura, estás de enhorabuena. Te invito a que lo leas: si te gusta, escríbeme un mensaje y, si no te gusta, déjalo en un lugar público, como donde lo encontraste, para que otra persona pueda disfrutarlo".

Acababa el autor su mensaje con un sincero 'ayúdame a hacerme un hueco en este complicado mundo de la literatura', sus datos de contacto en redes sociales y me felicitaba Sant Jordi con un 'Feliz día del libro anticipado'.

Uaaauuu, ¡qué maravilla! No me lo podía creer, estaba viviendo un momento mágico de esos que no suceden a menudo. Sin saberlo, José Luis Molinero se había ganado mi simpatía y admiración por su manera de darse a conocer.

Salí de la sombra ya con el libro bajo el brazo y, liviana, seguí caminando al sol bordeando el estanque del Retiro. Ya no estaba sola, tenía una historia que se venía conmigo en AVE a Barcelona.

jueves, 26 de enero de 2012

Chicho chupa chicha (© Edgar)

Hace unos días, en un taller un fotógrafo hablaba de la hora del gin tonic. Afirmaba que en ese rato de luz tan difícil de plasmar, entre que el sol ya se ha puesto pero aún no es noche cerrada, lo mejor es irse a tomar un gin tonic, preferiblemente en compañía.

Me pareció que no era mala idea y me dio por pensar que esa hora extraña de transición suele ser un buen momento para una pausa, contar una historia o reir una gracia. Me acordé de las excursiones andinas del verano pasado, cuando volvíamos de viaje precisamente a esa hora ambigua y, mientras el paisaje se difuminaba, intentábamos rimar un trabalenguas a base de esas sonoras palabras hasta entonces desconocidas. En algún momento el guía se unió a las risas. Parecía divertirle nuestra causa, y como si se pasara la vida rimando, nos dio el inicio:  "Chicho chupa chicha, venga, ahora os toca seguir a vosotras".

Mientras me reía imaginando una viñeta de diario en la que Ibáñez Serrador, mi único Chicho conocido, con la barba de siempre y los ojos desorbitados, trataba de aspirar con todas sus fuerzas por una cachimba renqueante,  me di cuenta de que aquel chico no podía conocer a Chicho (y si lo conocía es que "Un, dos, tres" había llegado inusitadamente lejos) e hice algunas preguntas de verificación:

- Oye, una chicha es una pipa de agua ¿no?
- Nooooo, la chicha es por aquí un licor de maíz
- Ahhhh vale, pero...¿chupar sí que es chupar, verdad?
- Nooooo, nosostros chupar le decimos a beber
- Este...pero entonces...Chicho...¿quién es?
- Eso te lo explico en otro momento...

No me lo acabo de creer, ¿me estará tomando el pelo? Probablemente. No importa, pensé. Mentalmente le cambié a Chicho la cachimba por una mazorca con dosificador, lo mandé a saltar por las montañas y me seguí partiendo de risa al tiempo que el gin tonic, o su hora, tocaba a su fin.

*Nota: el trabalenguas fue completado, tras muchos intentos, esa misma noche en la habitación de un hostal. 

viernes, 4 de noviembre de 2011

El juego de la rana


¿Qué es el juego de la rana?
Conocía este juego de haberlo visto en el País Vasco, y no me sorprende que por extensión se practique en todo el norte. Pero mira por dónde, tras años de ausencia, me iba a topar con las ranitas en un remoto lugar colgado en las alturas andinas llamado Santa Rosa de Tastil. ¿Cómo ha llegado esto hasta aquí?

Varios días después lo volví a encontrar en otro pueblo, al lado del personaje que veis en la foto de aquí abajo y me dejó intrigada (el tablero y el chico, por si alguien se lo está preguntando).

A la vuelta, he indagado un poco y preguntado a alguna gente. Varias sesudas lecturas después he averiguado que ya en la época egipcia se jugaba a algo similar, y lo mismo en la época romana. Pero hasta donde yo sé esas gentes no cruzaron el océano, no me sirve...Del otro lado, también se atribuye su invención a los incas, ¿será que todos tenían el mismo pasatiempo?

Saltando siglos de historia, en Francia fue conocido como "juego del tonel", y en Bilbao y alrededores llegó a ser muy popular. Parece además que los pasajeros de los grandes transatlánticos se entretenían en cubierta probando puntería en este tablero. Esa debe de ser la clave.